Primero el Mundial, después México

Cada vez que México recibe un gran evento internacional ocurre el mismo fenómeno: aparecen recursos, maquinaria y una urgencia que parecía inexistente durante años. Calles son rehabilitadas, estaciones son remodeladas y obras olvidadas aceleran repentinamente su avance. El Mundial de 2026 no ha sido la excepción. 

Resulta difícil creer que muchas de las mejoras realizadas en el Metro, vialidades y espacios públicos se hayan vuelto prioritarias únicamente en los últimos meses. Los problemas ya existían, los usuarios ya estaban ahí, las quejas también.

La diferencia es que ahora hay visitantes, cámaras y atención internacional. Ningún ciudadano debería necesitar un Mundial para recibir servicios dignos. La infraestructura pública no tendría que mejorar porque vienen turistas, sino porque millones de personas la utilizan todos los días para trabajar, estudiar y vivir.

Lo preocupante no es que se invierta, lo preocupante es que parezca necesario organizar un evento global para que ciertas obras avancen con la velocidad que debieron tener desde el principio.

México suele reaccionar mejor a la vergüenza internacional que a las necesidades de sus propios ciudadanos. Y mientras esa lógica continúe, seguiremos construyendo para impresionar al mundo en lugar de resolver los problemas de quienes viven aquí.

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